Geiser

UTE. El programa de liderazgo transformador en una empresa pública

Desde hace cuatro años, Geiser lleva trabajando codo con codo con UTE, la empresa pública de electricidad de Uruguay, desarrollando nuestro programa de liderazgo con los diferentes gerentes de la organización. Lo que comenzó como un programa piloto de la organización se ha transformado en un proceso por el que han ido pasando más de 200 gerentes de las distintas áreas de UTE y las encuestas de evaluación de la empresa muestran unos resultados excelentes. ¿Cuáles han sido las claves más importantes de este éxito?

Nuestro programa de liderazgo transformador se centra primero en la persona del líder, porque es la auténtica herramienta del liderazgo, y después va abordando las  diferentes herramientas para el líder. Es elemento diferenciador del programa centrarse en la persona y en su cambio como líder y desde allí trabajar cuatro ejes fundamentales: 

  1. Desarrollar la autenticidad / autoconciencia del líder.
  2. Generar conciencia sistémica.
  3. Potenciar su inteligencia emocional y su capacidad de resonancia, para desarrollar personas y cultura colaborativa.
  4. Orientarle al logro, desplegando la visión y la estrategia.

Estas cuatro dimensiones tratan de hacer confluir las dos orientaciones, a veces excluyentes, que se plantean a la hora de hablar de liderazgo: orientación a las personas y orientación a la tarea. Para nosotros, personas y tarea no son opuestos sino complementarios. Por eso, si bien la autenticidad y autoconciencia del líder y su inteligencia emocional son clave a la hora de trabajar e influir en las personas, la mirada sistémica y la búsqueda del logro a través de la visión y la estrategia, le encaminan directamente hacia la tarea. Y las cuatro dimensiones tienen que trabajarse a la vez.

Partimos de la necesidad de desarrollar la autenticidad y la autoconciencia del líder porque entendemos que un líder no es un mero gestor de personas (liderazgo transaccional) sino que es aquel capaz de afrontar desafíos adaptativos, cuestionar el estatus quo y movilizar a las personas para el cambio a partir de una visión desafiante. Por eso, el liderazgo transformador está relacionado con las necesidades humanas de crecimiento personal, autoestima y autorrealización. Trabajar dichas necesidades para el liderazgo trae como resultado  personas y líderes autodirigidos, autorregulados, auto-actualizados y autocontrolados. De esta manera, el líder se gana el respeto y la confianza por ser verdadero e integro: creíble. Lo que muestra y lo que dice son lo mismo.

A partir de esa autenticidad, el líder genera espacios de confianza y cercanía y aprende a sintonizar y resonar con las personas y con el equipo para poder liderar. Las investigaciones de Daniel Goleman aplicadas al liderazgo han puesto de manifiesto datos contundentes: un aumento del 1% en el clima emocional en el servicio supone un aumento del 2% en los ingresos; el clima emocional da cuenta de entre el 20% y 30% del rendimiento; y entre el 50% y 70% de ese clima depende de las acciones de su líder. Porque liderar no es solo informar o gestionar sino despertar la pasión y el entusiasmo de la gente, de los equipos. Y eso se logra conectando emocionalmente. Somos menos racionales de lo que creemos y mucho más emocionales. La mayor parte de nuestras decisiones acaban siendo decisiones emocionales. Por eso, es importante conectar con nuestras emociones y aprender a manejarlas. Aquí cobran importancia fundamental las prácticas de Mindfulness.

La mirada sistémica enseña al líder transformador a comprender que somos parte de un todo en el que estamos inmersos. Por eso, las decisiones de liderazgo no son lineales: afectan a todos los elementos del sistema. El líder sistémico tiene que aprender a estar “dentro”, “fuera” y “entremedio”, y siempre “al servicio de”, sabiendo que actúa en medio de entornos abiertos y flexibles, no rígidos y cerrados.

“La propuesta de Geiser no es un paquete cerrado, sino con una variedad de opciones, temáticas, herramientas y técnicas que se pueden combinar para “armar” en cada caso “el traje a medida” que cada organización necesita.”

PABLO REGINA
Gerente de Tecnologías de la Información
y Comunicaciones de UTE

El líder transformador orienta al logro inspirando, motivando y generando entusiasmo mediante la generación de altas expectativas. La orientación al logro implica estar orientado a objetivos y al alto rendimiento, a la excelencia. Para ello, la visión desafiante y la generación de un propósito compartido son decisivas. Allí se alinea la organización, comunicando con claridad y modelando el compromiso de todos. Logra resultados tomando las decisiones oportunas con un enfoque estratégico, y se enfrenta a las metas desafiantes que persigue de forma proactiva, no permitiéndose dejarse atrapar por la inercia controladora y reactiva o la parálisis por miedo al error. El error es siempre feedback y no fracaso.

Todo esto es la letra del programa y, visto así, unos contenidos como estos se pueden estudiar en muchos programas de liderazgo. Pero lo esencial, como casi siempre, es invisible. Y es lo que hace que el programa no solo hable de cómo es un líder transformador, sino que conecte con la verdadera transformación del que participa en el programa que hace que digan, por ejemplo: “Se me ha generado un nuevo nivel de conciencia”. “Ahora entiendo dónde está lo importante y hacia dónde puedo seguir haciendo crecer a mi organización”. O, como comentó uno de los gerentes:El programa está generando un clima de ilusión, alineamiento y sentido, que yo nunca había visto”

¿Cómo se logra todo esto? Es el trabajo del “hilo rojo”, la lana que se trenza el primer día, la red invisible, el arte de trabajar los intangibles. En este sentido, son elementos clave del proceso:

  1. La “sesión inicial”: reglas marco y reglas internas de grupo claras y sostenidas a lo largo del programa. Marcar bien los espacios de lo que es parte del programa y lo que hay que “aparcar” sistémicamente porque no pertenece a este espacio.
  2. Compromisos asumidos por los participantes: el programa de liderazgo no es una serie de contenidos que hay que asimilar, sino un proceso de crecimiento como líder a desarrollar. En este sentido siempre se pide que los participantes del programa de liderazgo lo elijan, lo vivan como un regalo y una oportunidad de desarrollo. Nadie cambia por obligación.
  3. Para todo ello son esenciales en nuestro programa las sesiones de coaching individual: un espacio personal, íntimo, en el que procesar asuntos específicos y desarrollar el músculo del liderazgo personal. Aunque solo se trate de unas pocas sesiones, es decisivo que cada uno de los líderes determine qué desafío real tiene en ese momento de su vida; qué tema le ayudaría a pasar de su zona de confort a su zona de expansión, con un impacto sobre su equipo y en su organización. 
  4. Y todo ello en un clima de confianza, libertad y sentido que ayuda a los líderes a verse en lo que son, pero también soñarse en lo que pueden llegar a convertirse. 

A veces nos hemos preguntado qué es lo que hace que este programa tenga un impacto tan grande en los participantes, hasta el punto de recomendarlo para toda la organización o decirnos que fue el programa más diferenciador que recibieron en su larga trayectoria profesional. ¿Son los contenidos? ¿Es el enfoque innovador? ¿Es la experiencia que se genera? ¿Es el proceso que cada uno inicia consigo mismo? ¿Es la nueva conciencia colectiva que se abre en la organización? Sí y no. Hay algo más. Humildemente, creemos que tiene que ver con la experiencia del “desde dónde” se lleva a cabo, tanto por los profesores como por los participantes. Nos tomamos muy en serio eso de que la calidad de una intervención depende del lugar interno desde el que actúa quien interviene. Nuestra hipótesis es que el impacto del curso es directamente proporcional al nivel de atención e intención puestos en él. Nos lo creemos de verdad, sabiendo que la autenticidad y la calidad profunda de la implicación con cada persona, generando vínculos de valor, permite que cada uno encuentre su manera de canalizar su mayor implicación  en la realidad. Se trata de poner en juego la propia alma para acompañar un proceso de transformación, que dé lugar a nuevos líderes convencidos e inspiradores. Inspirar, tomar aire, movilizar a otros hacia algún lugar desde el propio convencimiento y pasión. 

Y así, un líder que se recobra y se da el permiso y la posibilidad de recrear su propia alma también está recreando el alma de su organización.

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